lunes, 16 de agosto de 2010

sin rutina


Hay días en los que no puedo más que envidiar a los dogmáticos, a ésos de orejera y mirada fija, a quienes jamás garraspean ni dudan ni les tiembla el pulso.

Días en los que me gustaría aplanarme el encefalograma y vegetar, disfrutando.

Jornadas en las que no paro de vomitar interrogantes y otras desconfianzas, cuando pagaría por saborear la felicidad de la ignorancia, de la incapacidad de prospección.

... todo porque me asomé a este lunes buscando mi rutina y, para mi sorpresa, nada estaba donde lo había dejado.

jueves, 12 de agosto de 2010

ríos de gentes


Un verso de no recuerdo quien (Octavio Paz?) cuestionaba ¿cómo puede ser usted indiferente a ese gran río de gentes?, o algo así. Me lo trajo a la memoria esta tarde la grata sorpresa de London River. Hacía tiempo que no salía de un cine satisfecho y agradecido por una buena historia bien contada.

London River, de Rachid Bouchiareb, premiada en Berlín y San Sebastián, llama la atención por la sencillez de sus formas y por el tratamiento humano de un tema tan presto al sensacionalismo sesgado y la lágrima fácil. Muy al contrario, partiendo de los atentados del fundamentalismo islámico habla del encuentro, de las semejanzas y los puntos comunes de dos personas de culturas y religiones diferentes que buscan a sus hijos tras las bombas, movidos por el mismo amor y compromiso para con su familia. Habla de los miedos y prejuicios que provoca la ignorancia.

Me gusta la historia que cuenta Bouchiareb porque desmonta mitos, porque muestra un Londres multicolor habitado por seres hechos del mismo barro, a quienes les late el corazón y les brotan las lágrimas por las mismas emociones, movidos  por los mismos sentimientos, capaces de apoyarse y ser solidarios aún siendo distintos. Su historia es también una linda forma de combatir el terrorismo.

Si no la has visto, corre, que ya apenas la tienen en dos pases. Y si no te gusta la peli, siempre te servirá para refrescarte un rato con el aire acondicionado de la sala y huir del bochornoso calor del agosto chicharrero. O de donde sea que lo estés pasando, claro.


lunes, 2 de agosto de 2010

medidas y afectos


La quería, sí, desde donde estaban hasta el mismísimo límite en que su cama se convertía en precipicio al oscuro abismo cotidiano. Ida y vuelta, ida y vuelta, ida y vuelta... así hasta el infinito.

Lo quería hasta el espacio interior, un lugar donde nadie pasa frío.

Se quisieron hasta el fondo a la izquierda, aquel lugar oscuro donde descargaron sus pasiones más secretas.

La quiso hasta el olvido.

Se amaban tanto tanto, que permitían que cada cual viviera su propia vida, sin concesiones, interferencias, compromisos ni explicaciones.