jueves, 27 de enero de 2011

erosiones


Fueron los primeros. Nadie confiaba en ellos. ¿Cómo se atreven?, les decían. Serán ilusos, rumoreaban entre risas.

Pasaron los años y supieron esquivar los momentos de desánimo, que fueron muchos. 

Unos pocos se sumaron a la tarea. El viento, la bruma, la lluvia, las olas...

Con ellos llegaron los logros y, con éstos, más apoyos. Algunos se atrevieron a enraizar, profundizando en la labor, trabajando desde dentro.

Pasaron siglos y los osados se organizaron. Se constituyeron en pisos de vegetación, especializándose en cada tipo de suelo.

Así fue posible y, a pesar de la desconfianza, la roca acabó en la orilla, hecha arena.

martes, 25 de enero de 2011

brumas


Hay días de neuronas enterradas
que esconden ideas bajo las piedras.


Ésos en que los axones giran desorientados
entre brumas espesas
confusas.

Días en que toca aguardar
por si se disipa la niebla
y, con suerte, al fango lo arrastra la lluvia horizontal.

viernes, 21 de enero de 2011

relojes


El reloj de Cortázar era nuevo. Por eso, en su fondo, Julio veía la muerte.

Yo prefiero los relojes antiguos, porque tras sus esferas, allá al final, están los madrugones que ya me di, las lágrimas que ya enjugué, los fiascos y las meteduras de pata que ya viví, las amarguras que digerí... También porque, al fondo del todo, está aquel orgasmo de mis padres, el que trenzó el encuentro que aún desenredo, el que peino, el que soy.