miércoles, 7 de julio de 2010

Y van tres

Tercera cita con la muerte en menos de un mes. Demasiadas, sí.

Ayer se fue Diego. Lo conocí hace unos meses y, la verdad, nunca logré entenderlo. Mucho menos me siento capaz de comprender ahora esa decisión de irse, con algo más de treinta años.  Imprevisible. Indescrifrable para mí.

Siempre pensé que el suicidio es una de esas decisiones irreversibles que se toman en un momento de ofuscación, cuando no vemos más allá de nuestros propios problemas, por pequeños o grandes que sean. Muchos tienen soluciones que no adivinamos, otros se nos escapan  sin darnos el permiso ni la humildad de dejar que el tiempo se encargue de ellos.

Repito, no entiendo nada. Y las miles de hipótesis que me bombardean sólo traen más oscuridad, hasta resultar molestas.

No creo en el más allá ni en otras vidas. Esas opciones no sacian mis interrogantes.  Prefiero  pensar en la descomposición orgánica que facilita los ciclos vitales. No lo descubriré nunca pero, sea como sea, espero que en cualquiera de sus formas, alcances y saborees la calma que, sospecho, no disfrutaste hasta ahora.

Adiós, Diego.





1 comentario:

Anónimo dijo...

diego,era una persona muy querida,ha aportado mucha alegria a la gente que conocia,a sus amigos,y mucha pena y dolor por su perdida.adios diego...........