miércoles, 22 de abril de 2009

Nada es lo que era

Hace unas décadas, que los varones llevaran el pelo largo era símbolo de contracultura, un recurso estético con el que posicionarse al otro lado de las guerras y el imperialismo. Los rapados eran skinheads neonazis, marines y otros cuerpos represivos del Estado.

Hoy, en cambio, la derechona se deja melena, así, como descuidada pero no tanto. Hasta se ata pulseras de hilo a las muñecas. Y a los jóvenes obreros les da por ir rapados, como soldados de La Chaqueta Metálica.

Antes se fumaban porros en las esquinas de los barrios, mezcladas con pirulas de colores y algunos LSDs (el caballo llegó más tarde). Ahora la coca cubre las mesas de los despachos. Miren si no al concejal pepero que se metía una barbaridad de gramos al día. ¡Ay, mi cabeza!

¡Cómo ha cambiado el cuento!

Woodstock lo escuché años más tarde. El mayo francés lo leí mucho después. Sólo alcancé alguna resaca de todo aquello, gracias a la demora con la que llegan a estas orillas ciertas tendencias. El silbido de los adoquines llegó muy tarde a estas playas. Una pena. Consolémonos con una ración de yutube.

1 comentario:

A. Lara dijo...

Una maravilla de video, Javi. Sí que nos llegó tarde, pero es el referente de nuestra generación. Es curioso ver el estado de "éxtasis" alcanzado mediante la música (aunque estuviera ayudado por otras sustancias), ritmos casi africanos, verdaderos artesanos de la música, ahora que estamos ahitos de la música enlatada con la que se pretenden hacer millonarios los cuatro de turno.