domingo, 16 de agosto de 2009

Días de frases sueltas.

Estoy en días de frases sueltas. Regurgito momentos en forma de oraciones y paso horas rumiando, reconstruyendo, reinventando, buscándoles algún sentido.


En sueños, una desconocida me dice que arriesgo demasiado. Cargada de seguridad insiste en que siempre lo hago.

Una vez despierto, alguien presume de conocerme tal como soy.


Ese día me encuentro con un amigo en la misma conclusión: lo malo no es que te roben un proyecto. Lo que en realidad da lástima es que lo materialicen tan mal, que le quiten el alma y no vaya más allá de una tremenda horterada.


Por su parte, Saulo me apunta con su tangible realidad de cinco años para, directo al pecho, dispararme un ¿por qué no pasas más tiempo conmigo? Últimamente nos vemos muy poco y te echo de menos.

Con otros seres, en cambio, entrelazo frases huecas y sin sentido que soy incapaz de recordar. Por muchas horas que conversemos, no hacemos más que quemar minutos, empujar el día para que pase más rápido.

Será.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

frases huecas? conversaciones vacias? no deberias menospreciar a esos "seres" y ser mas agradecido

Javier López dijo...

No menosprecio a nadie. Sólo describo una situación.

Las conversaciones se dan, al menos, entre dos. De su contenido o vacío yo también soy responsable, parte implicada.

Anónimo dijo...

eso obviamente es indiscutible. el minimo necesario para mantener una conversación son 2 personas -salvo que sufras algun tipo de enfermedad mental- que seran responsables del contenido de la misma. pero, te has parado a pensar como pueden sentirse esos “seres” al descubrir que no les escuchas cuando quieren profundizar, que no son mas que un mero medio de evasión para ti? perdona, tan solo es una opinión. cada cual es muy libre de perder su tiempo como mas le plazaca. un saludo.

Javier López dijo...

Vuelves a depositar toda la responsabilidad de ese tipo de conversaciones en una sola de las partes implicadas.

También es cierto que hay personas con las que se crean lazos desde el primer minuto. Ésas que nada más verlas parece que las conoces de toda la vida. Y, en cambio, hay otras que por más vueltas que le des, jamás encuentras un puente de conexión.

Ya me encantaría a mí poder conectar con todo el mundo así, de repente. Pero no, no me ocurre. Y sospecho que no me pasa sólo a mí. Hay afinidades, contextos compartidos, culturas, química... llámalo como quieras... cosas que te unen a unas personas y te distinguen de otras. De lo contrario seríamos todos iguales. Buf, qué aburrido.

De cualquier forma, advierto, lo que ponía en el post no era más que una sensación. Nada más lejos de mi intención eso de sentar cátedra o definir un nuevo dogma. En absoluto.