martes, 30 de diciembre de 2008

Reciclaje


Los malos recuerdos, la memoria tóxica y otras basuras le iban asomando siempre. Salían de cualquier bolsillo, se columpiaban de la coletilla de cualquier conversación. Estaba realmente cansada de tropezarse con ellos a cada rato. Quizás por eso se le ocurrió ir recogiéndolos y metiéndolos en una enorme bolsa.


Cuando acabó de reunirlos, hizo un buen hoyo en el jardín donde vertió todas sus malas experiencias y otras basuras personales. Después de cubrirlas con una capa de ideas fértiles, las regó con lluvia de sonrisas y, cada día, las abonaba con sus mejores augurios.


No tardó mucho en brotar una hermosa enredadera que, poco a poco, cubrió los muros del patio y trepó por las paredes de la casa, hasta tapizarlo todo con flores de fragancia risueña y otros aromas reconfortantes.


2 comentarios:

Cronica Psicótica dijo...

Jardinero... ¿seguro que con eso se hace un compos para la felicidad?

Javier López dijo...

Felicidad, lo que se dice felicidad, seguramente no tanto pero, mujer, algo adornará.