domingo, 26 de julio de 2009

Como cada mañana


Salió de casa como cada mañana. Al volente, mientras la costumbre guiaba el coche, la cabeza le iba y le venía entre situaciones del día anterior y las tareas programadas para la jornada que empezaba.

Al llegar a aquel maldito cruce, una vez más, volvió a asustarle otro coche que no respetaba el stop. Cerró los ojos y aceleró.

Pasado el sobresalto, masculladas las maldiciones de rigor, continuó con la ruta y la rutina. Incluidos los veinte minutos de búsqueda de aparcamiento por las proximidades de la oficina.

Fue en la primera reunión con los compañeros, tomando el café de la mañana, cuando le sobrevino un incómodo pitido en la cabeza. Lo dejó inmovilizado por el dolor. Desorientado. Pasó a los pocos segundos, como una leve interferencia en un viejo receptor de radio.

Prosiguió la mañana. Horas de ordenador, teléfono, reuniones con clientes y proveedores... Cuando ya se disponía a apagar su terminal para el descanso del mediodía, volvió a sentir, ahora con más fuerza, aquel incómodo zumbido. Esta vez duró algo más y hasta le cegó durante unos minutos. Sacudió la cabeza y, quizás por eso o por pura casualidad, recuperó la normalidad.

Comió ligero. Ensalada de frutas, otra dosis de café y de vuelta al trabajo.

Las tardes son siempre más relajadas. Sin apenas interrupciones. Ya casi nadie trabaja a esas horas. Así que solía aprovechar para adelantar, redactar proyectos, organizar y supervisar informes.

Estaba concentrado en uno de aquellos papeles cuando, por tercera vez, le asaltó el mismo dolor.

Despertó en un hospital. Desnudo y entubado. Indefenso. Envuelto en sábanas ásperas y una luz amarillenta, artificial.

Enseguida se le acercó una mujer vestida de blanco. Recolocándole la cama, con una amplia y profesional sonrisa, le contó que, a primera hora de la mañana del día anterior, había sufrido un accidente de tráfico. En un cruce próximo a su casa cuando, como cada mañana, se trasladaba al trabajo.

2 comentarios:

Clohe dijo...

Muy buena descripción, parece como si realmente la hubieras vivido. Te diré que te equivocas en muy poquito. Por un momento es como si te apagaran , después sigues viviendo tu rutina. De mi experiencia solo recuerdo un grito. Ahora es cuando sufro esos chispazos en la cabeza y la perdida de visión momentáneas …. (secuelas). Muy bueno Javier.
Un beso.

Alabinbonban dijo...

Guau, he sentido un escalofrío!